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El diamante es uno de los
alótropos del carbono (el principal es el
grafito). El diamante es, en la actualidad, la
joya más preciada del mundo. La explotación de
mantos diamantíferos constituye un firme renglón
para la minería y, finalmente, la venta de estas
gemas constituye una fuente muy importante de
ingresos.
La dureza del diamante es tal que sobre él se
basa la escala de dureza de Mohs, asignándole
diez como máximo posible. Su dureza se debe a
sus enlaces carbono-carbono muy estables en
química, y a su disposición en la estructura:
forma una pirámide perfecta, donde si nos
fijamos bien y ponemos cualquiera de sus lados
como base, podemos contar los átomos de carbono
por capas, teniendo la primera uno, la segunda
cuatro, la tercera nueve y la cuarta dieciséis,
lo que hace una sucesión de cuadrados 1², 2², 3²
y 4². Su densidad es de 3.523 kg·m-3
La importancia del diamante no sólo se cifra en
su innegable belleza, sino también en su gran
utilidad en la industria. Sin el diamante,
muchas actividades industriales estarían
seriamente limitadas. El diamante es una
ecología de fuerzas nucleares muy duras.
Regiones ricas en diamantes
Las regiones ricas en diamantes son la India,
Brasil, Venezuela y Sudáfrica pero las
características del suelo en donde éstos se
hallan son distintas en cada zona.
En la India, por ejemplo, se encuentran
principalmente en tierras areniscas y
conglomerados antiguos, probablemente silúricos
(pertenecientes al segundo periodo de la era
primaria) y masas de los ríos.
En el Brasil, en el estado de Minas Gerais, los
mantos se encuentran en una roca formada en gran
parte por cuarzo y mica; en los estados de
Bahía, Goiás y Mato Grosso se hallan en
depósitos sueltos de aluviones y en las arenas
de los ríos.
En el Sur de África las condiciones son
distintas: el diamante se encuentra en las
arenas de los ríos y en depresiones
crateriformes del suelo, llenas de una tierra
que en la superficie es de color pardo
amarillento y ya en profundidad es gris azulada,
constituida por partículas de una roca eruptiva
análoga a la serpentina, procedente de la
descomposición de una roca de olivino (llamada
kimberlita.)
Extracción y corte
El proceso de extracción es también muy diverso,
ya que depende de la región en la que el
diamante se explote. Pero, en general, las
operaciones de laboreo se dividen en tres
partes: eliminación del estéril (tierra y piedra
que cubre la arena diamantífera), extracción y
lavado.
Debido a que el laboreo de estas minas es muy
costoso (de cada diez toneladas de mena, sólo se
extrae un quilate de diamante) las compañías
únicamente invierten en aquellas zonas que les
garanticen una vasta producción. Por lo general,
extensos kilómetros de terreno son excavados
para obtener una gema de tamaño apreciable. Esto
explica por qué el diamante tiene tan alto
precio en el mercado.
Un diamante cautiva por sus destellos. La
belleza de su resplandor se debe a que posee un
alto índice de refracción de la luz y un gran
poder dispersivo: al penetrar, los rayos de luz
sufren innumerables reflexiones interiores y la
luz blanca se dispersa, regresando al interior
convertida en un abanico de múltiples colores.
Los diamantes y las gotas de agua funcionan como
prismas al frenar, en mayor o en menor grado,
las longitudes de onda (violeta al máximo, rojo
al mínimo), haciendo que los colores se
extiendan en forma de arco iris.
El grado de la belleza del iris del diamante
depende, en gran medida, del tallado y pulido de
la pieza. Aunque naturalmente los diamantes
tienen sus propios destellos, éstos pueden ser
mejorados y multiplicados bajo la mano paciente
de un lapidario experto.
Por su extrema dureza, el diamante sólo puede
partirse con otro diamante. Por eso, en el
tallado y pulido de la piedra uno de los
elementos más importantes es el diamante mismo.
Antes de proceder a cortar, se examina la gema
para determinar sus planos de crucero. Luego se
traza sobre ella una línea que marque el
perímetro de dichos planos. Sobre éste se hace
una pequeña ranura con una especie de palo que
lleva en su extremo una arista de diamante. Por
esa abertura se introduce una finísima hoja de
acero, se le da un golpe seco y la piedra se
parte en dos.
Para el tallado, los lapidarios usan sierras
circulares de fósforo sobre cuyo filo se pone
polvo de diamante mezclado con aceite de oliva,
tantas veces como dure la operación (que, en
ocasiones, se prolonga durante días dependiendo
del tamaño y dureza de la gema.)
Pero no todos los diamantes son útiles para
joyería. Cualquier defecto puede restarles valor
y entonces sólo tienen aplicación industrial.
Generalmente esto sucede con aquéllos que
presentan en su interior burbujas o partículas
extrañas, o bien, con los que están
irregularmente formados o pobremente coloreados.
Aplicaciones en la industria
Hay dos tipos de diamante comúnmente usados en
la industria: el carbonado, y el ballas. El
primero presenta un marcado principio de
cristalización con un gran número de puntitos
blancos luminosos. El ballas es de forma
semiesférica y superficie granulienta. Por su
extrema dureza es imposible lapidarlos.
Con estos diamantes se fabrican troqueles y
muelas para pulir herramientas. También se
emplean para perforar pozos petroleros y para
cortar todo tipo de piedras.
El campo actual de investigación de utilidad
industrial del diamante es el de los
semiconductores de alto rendimiento, debido a
que tienen características de conductividad
tanto de calor como de electrones muy superiores
a las del silicio (elemento más común
actualmente para estas aplicaciones).
El diamante es el más duro de todos los cuerpos
de la naturaleza: por eso se le ha atribuido el
grado 10 en la escala de Mohs. Resiste a la
acción de los ácidos y arde en el oxígeno a 800ºC
aproximadamente, convirtiéndose entonces en
dióxido de carbono. A 1.000ºC, y en atmósfera
inerte, se transforma en grafito.
Los diamantes son la substancia natural más
dura, más rara y mas densa conocida por el
hombre y han constituido una fuente de
fascinación (y desinformación) desde el año 800
a.C., momento en que fueron presentadas por
primera vez a la realeza en la India. En aquella
época los indios creían que los diamantes se
creaban cuando los relámpagos caían en la roca y
la península india fue la única productora de
diamantes durante un asombroso período de 2.500
años.
Por muy encantadores que sean los diamantes han
inspirado una cantidad de mitos más allá de lo
habitual durante siglos. Se les ha atribuido el
poder de aumentar la potencia sexual, evitar la
lujuria, quitar las pesadillas, neutralizar el
veneno, alejar el mal, proteger de las bestias
salvajes, curar las enfermedades y
(naturalmente) atraer buena fortuna.
También está el mito del
detector de mentiras según el cual los diamantes
oscurecen ante la presencia de una persona
culpable y brillan más en compañía de un
inocente; y la leyenda de la reproducción
mágica: ¡que los diamantes salpicados con rocío
matinal y mantenidos en la oscuridad pueden
producir descendencia! ¡Ojalá!
Además de estas ideas fantasiosas, algunas
características sorprendentemente reales de los
diamantes son: su edad (los primeros yacimientos
de diamante salieron a la superficie de la
tierra hace aproximadamente 2.500 millones de
años, mientras que los yacimientos más recientes
tienen unos 50 millones de años); su dureza (los
diamantes son tan duros que sólo se pueden pulir
utilizando otros diamantes); rareza (se necesita
volar, triturar y procesar más de 250 toneladas
de mineral para obtener un quilate de diamante
bruto y sólo un 20 % de este diamante bruto es
adecuado para la talla de gemas); densidad (el
diamante es tan denso que incluso disminuye la
velocidad de la luz hasta menos de la mitad de
su velocidad normal: 128.720 km por segundo);
fluorescencia (si se encuentra en una sala de
fiestas y las orejas o los dedos de alguien
empiezan a brillar lo más probable es que los
diamantes que lleva sean los responsables); el
30 o 40% de los diamantes despiden destellos de
luz azul al exponerlos a luz ultravioleta y
algunos incluso despiden destellos verdes,
amarillos, blancos, o (en raras ocasiones)
rojos.
A pesar de que África se conozca como el
continente de los Diamantes, en realidad, es en
Australia donde se pueden encontrar los mayores
yacimientos, incluso de los rarísimos diamantes
fantasía rojos y rosas, de un valor muy elevado.
No se empezaron a tallar los diamantes hasta el
siglo XIV, hasta 1725 no se descubrieron los
yacimientos en Brasil y hasta 1866 no se
desenterró la fabulosa reserva de África del
Sur.
Los diamantes están
compuestos de átomos de carbono puro que existen
a grandes profundidades bajo tierra y que se han
visto expuestos a temperaturas muy altas y
presiones muy elevadas durante miles de millones
de años. Con el tiempo, esta presión aumenta y
empuja los diamantes y las rocas hasta la
superficie en una especie de explosión
volcánica. La explosión crea un agujero muy
profundo y amplio llamado " chimenea de
kimberlita " dentro de la cual se depositan la
mayoría de los diamantes. Estas “chimeneas”
parecen zanahorias gigantes incrustadas de
diamantes. Excavar por completo una chimenea
entera puede llevar años.
Los diamantes también llegan a la superficie
gracias a la erosión del viento y del agua, a
menudo en zonas costeras diseminadas por todo el
mundo.
Aunque los diamantes presentan una gran variedad
de colores, todos poseen las siguientes
características: alto índice de refracción,
fuerte poder dispersivo o “fuego”, muy baja
reactividad a las sustancias químicas y dureza
extrema.
¿Si los diamantes son tan duros, entonces (puede
uno preguntarse) cómo se tallan?
La formación cristalina del
diamante le proporciona cuatro puntos de corte.
Un golpe seco y preciso en uno de esos puntos
partirá el diamante. Este es (obviamente) un
trabajo muy especializado y se tardan años en
aprender la técnica; los instrumentos de
trabajo, sin embargo, siguen siendo una simple
cuña y un martillo. En realidad, esta es una
industria que está creciendo, con la aparición
reciente de Israel e India como nueva fuente de
lapidarios de diamantes cualificados.
Después de la partición se le da forma al
diamante. En la actualidad esto se puede llevar
a cabo con maquinaria informatizada pero la
mayoría de veces todavía se hace a mano y suele
implicar a cuatro especialistas: un cortador,
que talla la forma tosca del diamante; un
abrillantador de la zona superior, que labra la
mesa y las facetas que se encuentran por encima
de la cintura; un abrillantador de la zona
inferior, que labra el pabellón por debajo de la
cintura; y un cortador de la cintura, que labra
la cintura y las facetas que la componen.
Finalmente se realiza el
pulimento del diamante mediante un fino abrasivo
de diamante que produce los numerosos planos
sesgados o facetas de la piedra. Cada faceta
debe mantener una proporción geométrica perfecta
respecto a todas las demás con el fin de
proporcionar la máxima reflexión. Una vez
realizadas todas estas fases, el diamante está
listo para ser montado y presentado al público
comprador.
Los diamantes tienen un alto índice de
refracción y dispersión. Eso es lo que confiere
a los diamantes ese brillo y “fuego” tan
característico. En realidad la mayoría de los
diamantes no son incoloros, sino que tienen un
tono que va desde los tonos más pálidos hasta la
gama central del color amarillo. Los colores
intensos y atractivos como amarillo, rosa, azul,
verde y (en raras ocasiones) rojo se conocen
como colores “fantasía”.
Un diamante es más fácil de comprar que las
demás piedras preciosas, porque tiene un sistema
de clasificación universal. Los diamantes de
valor más elevado son los rarísimos de color
rojo intenso, cuyos precios de venta han
alcanzado el millón de dólares por quilate.
El valor de un diamante está en función de las
cuatro “C”: pureza (clarity), color (colour),
talla (cut) y peso en quilates (carat weight).
La escala de colores va desde la D (incoloro)
hasta la Z (amarillo), mientras que la
clasificación de la pureza va desde IF
(internamente puro -muy raro-), pasando por VVS
(inclusiones diminutas), VS (inclusiones muy
pequeñas), SI (inclusiones pequeñas), hasta I
(inclusiones significativas).

Los diamantes deben facetarse de forma que la
máxima cantidad de luz salga reflejada a través
de la parte superior de la piedra. Un diamante
mal tallado tendrá un aspecto apagado y sin
vida. El brillante redondo es la talla más
brillante. Aunque la talla oval, pera y marquesa
sean de mayor tamaño que las redondas, no
resultan tan brillantes.
PROPIEDADES CURATIVAS Y ESPIRITUALES
El diamante simboliza la búsqueda de la
perfección, la voluntad el triunfo, la firmeza y
la rectitud. El diamante tiene efectos que
abarcan todo el cuerpo energético, equilibra las
cualidades personales y participa como guía
espiritual.
Por sus cualidades el diamante eleva toda la
energía física a un nivel superior.Combinado con
otras gemas amplifica su poder curativo de todas
ellas. Eficaz en el tratamiento de la diabetes,
la menopausia.
Tiene la propiedad de alegrar el espíritu. El
diamante es aconsejado para aquellas personas
tímidas apocadas e introvertidas. Abre y
fortalece los chakras: basal, del bazo, y del
plexo solar
Afinidad con los signos: Aries, Tauro, Géminis,
Cáncer, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario,
Capricornio, Acuario, Piscis |
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